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A partir del 13 de agosto de 1521, fecha en que cayó la Gran Tenochtitlán, una de las primeras formas que emplearon los españoles para organizar su dominio y la explotación de los indígenas fue la encomienda, la cual tuvo su origen en España durante la lucha contra los árabes. De modo que con este sistema y durante las primeras décadas de la colonización en la Nueva España, la corona española entregó tierras en propiedad a los conquistadores como una merced, así como a los nuevos peninsulares que iban llegando.

Estas propiedades fueron uno de los orígenes de las fincas o haciendas, una de las cuales fue la de Nuestra Señora de la Concepción, que más tarde tomó el nombre del sitio donde se construyó, Chapingo (*); lugar que en tiempos prehispánicos perteneció a los habitantes de Huexotla (primeros chichimecas que llegaron al valle de México, alrededor del año 1173 D.C.), lugar que ahora ocupa la Universidad y que se encuentra a dos kilómetros de la ciudad de Texcoco.

De acuerdo a los registros históricos con los que se cuenta, de 1594 a 1698 la finca pasó por diferentes familias españolas hasta que en 1699 llegó a manos de la Compañía de Jesús, la cual se la compró al marqués Francisco Antonio de Medina y Picazo. La hacienda aparte de las tierras y aguas que poseía, consistía de una construcción modesta de un solo piso, con una pequeña capilla, un batán y algunas sementeras.

En el tiempo que estuvo en poder de los jesuitas, se construyeron la casa grande o principal, la capilla y varias trojes grandes y espaciosas en donde se almacenaban los granos, así como la de varias obras de riego. Por lo que respecta a lo económico, sustancialmente la hacienda mejoró al introducir nuevas plantas de cultivo. Todo esto terminó con la expulsión de la orden de los jesuitas de la Nueva España por decreto del rey Carlos III (25 de junio de 1767). Toda esa época de auge y esplendor, destacaba el estilo arquitectónico barroco colonial del siglo XVI que los religiosos le dieron a sus edificios y que en Chapingo se conservó hasta la última parte del siglo XIX.

Diez años después de la expulsión de los jesuitas, la Junta Provisional de Enajenaciones se la vendió a Pedro de Coderecha, que la tuvo hasta el año de 1786, pues al no poder pagar los réditos acordados en la venta, se la incautaron y vendieron al marqués Antonio de Vivanco. La hacienda permaneció en poder de sus herederos hasta que en el año de 1883 se la vendieron al general Manuel González, quien procedió de inmediato a transformar el casco de la hacienda.

Para los trabajos de esta obra, se contrataron ingenieros castrenses, quienes le dieron un aspecto militar al edificio con torreones en ambos lados, dominando el estilo barroco y neoclásico español del siglo XVII-XVIII. Se construyó además la capilla anexa a la casa grande o edificio principal dándole un aspecto renacentista español, con su bodega tipo catalana en cuyo centro existió un altar tipo barroco donde se veneraba a la Señora de la Concepción de Acayac, patrona de la finca.

También se colocaron pararrayos, uno en el reloj de la entrada principal y el otro en las torrecitas de la capilla, así como tres campanas eléctricas para iluminar parte de la entrada principal. La fachada se pintó de color verde brillante (pintura que se mandó traer expresamente de Europa), y se colocó piedra loza de Guanajuato en el piso de la capilla, en el corredor y enfrente de la casa, cuyo interior fue decorado por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, el arquitecto de la aristocracia porfirista y diseñador del Angel de la independencia de la Ciudad de México.

El general González dispuso además colocar una fuente morisca, así como numerosas estatuas y macetones franceses que subsisten hasta la fecha. Unas esculturas de leones y leonas que en un tiempo fueron donados al pueblo de Amecameca para su plaza principal. En fechas recientes se reintegraron al patrimonio cultural y escultórico de la universidad.

A la muerte del general la hacienda es heredada a sus dos hijos, pero como una consecuencia de la Revolución Mexicana, en el año de 1924, y por decreto presidencial de Alvaro Obregón, la exhacienda de Chapingo pasó a ser la sede de la Escuela Nacional de Agricultura, cuya dirección estuvo a cargo de Marte R. Gómez.

Desde entonces, al edificio principal se le han hecho algunas restauraciones y remodelaciones, mismo que ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Nación. Actualmente alberga la Rectoría, el Museo Nacional de Agricultura y una de las obras maestras del muralismo mexicano: la Capilla Riveriana, llamada así en honor del maestro Diego Rivera por la obra que realizó en este lugar.

(*) Chapingo, nombre que viene del idioma náhuatl: Tzapinico - Tzapinco. Cuya etimología más aceptada es la siguiente: Tzpini - cosa espinosa, y co - lugar, o sea, lugar de cosas espinosas.

 

Alvaro Obregón con su comitiva y Marte R. Gómez encaminándose por la calzada de Chapingo en 1924, para hacer la inauguración de los cursos de ese año escolar.

Edificio Principal cuando estaba pintado de color verde (1924-1928).