Al celebrar 25 años de egresados

Exhorta generación 1991 a estudiantes vincularse más con productores

 

 

Ante el reto que tienen los agrónomos para producir alimentos inocuos y nutritivos para la creciente sociedad, egresados de la generación 1991 “Efraím Hernández Xolococotzi” exhortaron a los estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo a vincularse más con los campesinos y productores de las diversas regiones de país y no apartarse de la misión que tiene la institución con el sector rural.

 

Durante el foro generacional “La pertinencia del agrónomo en la producción de los alimentos”, los ponentes, ingenieros Enriqueta Molina y  Fernando Ávila Mora, así como los doctores Leo Vigildo Córdova y Alejandro Romero Bautista, egresados de las diferentes especialidades de la universidad, señalaron que los agrónomos tienen que enfrentar el reto de establecer nuevos métodos de producción agrícola que permita abastecer la demanda agroalimentaria entre la población.

 

El doctor Leo Vigildo Córdova, subrayó que existe un sin número de egresados que han sido competitivos en otras áreas, pero ahora se tiene el reto de incrementar la producción de alimentos de una manera amigable con el ambiente y buscar métodos que permitan la vinculación, primero, entre las instituciones educativas y de gobierno, así como egresados, para luego trabajar conjuntamente con los productores a través de las de innovaciones y la transferencia de tecnología, para que sus productos lleguen a los consumidores.

 

Al término de sus participaciones, realizadas en el auditorio Álvaro Carrillo, se ofrecieron dos conferencias magistrales; una de ellas a cargo de Sergio Ramírez Zúñiga, mentor de los niños triquis y quien presentó el tema “No hay montañas sin conquistar, hay guerreros dispuestos a conquistarlas”; destacando el trabajo realizado para ofrecer a los niños de esta comunidad indígena de Oaxaca una oportunidad de cambio de vida sin que olviden sus raíces y su cultura.

 

Detalló que actualmente cuenta con 2,600 niños indígenas a quienes se les exige contar y mantener un promedio de 8.5, leer un libro cada quince días, hablar su lengua materna mixteca, triqui y zapoteca; pues para ellos debe ser un orgullo platicar en su lengua: “Y lo hacen porque saben que de eso depende que se les integre en el equipo de básquetbol, o de otra de las actividades que realizamos, es una motivación para ellos”. 

 

Entre anécdotas de los niños triquis y risas de los asistentes, el entrenador dijo que el básquet bol es sólo un pretexto para dar un mensaje a los niños de la comunidad, el cual se basa en trabajar en equipo, respetar los valores, aplicar disciplina en las actividades encomendadas, lo que les motiva a aprender y buscar su inclusión en el equipo, es enseñarles que la perseverancia les permite alcanzar sus metas: “Demostramos que la unión hace la fuerza, pues esta actitud nos ha permitido buscar el apoyo de todos los sectores para sacar adelante este proyecto en una zona de Oaxaca y gracias a ello, muchos de los niños indígenas ya tienen asegurados sus estudios universitarios en instituciones nacionales y extranjeras”.

 

La actitud que han tomado los niños triquis ha generado el respeto y admiración de la sociedad mexicana  y la de otros países a los que han ido a competir, como es el caso de Estado Unidos, en donde se decretó el 21 de diciembre como el Día del Niño Triqui, por su “garra, coraje y poder”.

 

 

Sue Aguayo: Ejemplo de actitud ante la adversidad

 

 

La otra conferencia magistral “¿Por qué esperar a que suceda?”, estuvo a cargo de Sue Aguayo, campeón mundial de taekwondo, quien con su historia atrapó de inmediato la atención de los asistentes. Con actitud bromista y positiva, reconoció que su experiencia no tiene nada que ver con el campo mexicano, pero compartiría su vivencia para que los estudiantes, principalmente, no se dejen caer ante las adversidades de la vida.

 

Comentó que vivió una niñez feliz, a pesar de que los recursos no eran suficientes para tener lujos, pero su mamá y él contaban con lo necesario para salir adelante, sin imaginar que una grave tragedia sacudiría sus vidas. Cuando tenía once años y previo a festejar la navidad en Puebla, de donde es originaria su familia materna, despertó llorando con una grave angustia, debido a que había soñado que tenían un accidente en la carretera.

 

Con tranquilidad, Sue continúo su charla y refirió que al regresar a la ciudad de México, un 27 de diciembre, un autobús de pasajeros golpeó el auto donde viajaba con su mamá, sus tíos y una prima de cuatro años, que murió en el lugar; en tanto una de sus tías, que estaba embarazada falleció días después en el hospital.

 

Recuerda que él venía durmiendo cuando sintió el golpe del camión, despertó de inmediato: “Veía por todos lados llamas, a través de la ventana vi a mi madre gritándome, pero no podía responder porque había mucho humo y me impedía hablar, de repente, observé como dio la vuelta para sacarme de ahí. Por segunda ocasión me dio la vida”, relató entre lágrimas el campeón mundial de taekwondo.           

 

Tras unos segundos de pausa comenzó a describir lo vivido durante cinco meses, tiempo que estuvo hospitalizado para su recuperase de las quemaduras de primero, segundo, tercer y cuarto grado, éste último catalogado así cuando hay calcinación de huesos. En ese momento Sue alzó su mano izquierda, para mostrar los estragos que dejó el fuego en él. Abordó el tema de su incorporación a la sociedad y de su regreso a la escuela, constatando que la peor discapacidad que puede existir es la que se tiene en la mente.

 

Habló del largo camino que ha recorrido de la mano con su mamá, compañía que le ayudó a enfrentar una tragedia más, pues le diagnosticaron desprendimiento de retina, y pese a los esfuerzos médicos, perdió la vista. Tras ese golpe, y con el apoyo de la familia, logró levantarse una vez más. Así empezó a perseguir uno de sus sueños: practicar el taekwondo, disciplina que requiere de visión para el contacto y ataque del rival.

 

Pero eso a él no le importó, así que su insistencia, perseverancia y motivación de ser como su ídolo, Bruce Lee, fueron los estandartes para entrenar arduamente durante cinco años. Así que un día toma la decisión de inscribirse en diferentes competencias, logrando resultados positivos, entre los que destaca la Medalla de Oro en un campeonato mundial de taekwondo.

 

Hoy Sue Aguayo cuenta con 38 años de edad, se dice ser un hombre completo, feliz con una familia, la cual lo motiva a salir adelante, pues reconoce que tiene momentos de flaqueza, pero tras reflexionar en varios aspectos, encuentra la fuerza para seguir caminando, persiguiendo “sueños, porque éstos no tienen fecha de caducidad”, y uno de ellos es brindar ayuda a niños y madres solteras, a través de su fundación. Trabajo social que realiza en el municipio de Chimalhuacán.

 

 

 

 

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