¡Gracias mi inigualable Chapingo!

Alumno: Luis Esquivel Cervantes
Parasitología Agrícola

Mirar al pasado es darse cuenta de lo mucho que hemos crecido, es un momento de reflexión, es hora de trasladarnos a ese día de nuestra llegada, porque hoy llega a su fin una etapa con un sinfín de historias; hoy es un final, pero no cualquier final. Un final que merece lágrimas y risas, de alegría, tristeza y satisfacción.

Dicen que recordar  es volver a vivir y que mayor privilegio que vivir en nuestra mente ese día, aquel día, cuando dejamos lo que más amamos para recibir algo que no sabríamos que sería tan valioso para nuestras vidas. Alguien que sin saber de dónde veníamos, cómo somos, qué hemos hecho, nos recibió con los brazos abiertos, dando cobijo y privilegios a manos llenas. Alguien que nos vio llegar tan sólo de 15 o 18 años, poco más poco menos, pero que de igual manera nos trató igual, que empezó a darnos más de lo que quizá merecíamos.

Alguien que tuvo tanta bondad que nos preparó académicamente, socialmente y emocionalmente sin hacer ningún  reproche. Alguien que nos dio amistades eternas y quizá el primer amor de verdad; y esos amigos, que más que amigos se convirtieron en familia de 5 o 7 años, alguien que nos brindó personas con las cuales no sólo era festejar cumpleaños, salir a bailar, salir a tomar, sino que nos brindó aquellos que van a estar ahí siempre, que sin importar cualidades y defectos nos aceptaron y ayudaron a hacer amena esta hermosa estadía, esa familia adoptiva que te vio llorar por aquel amor, que te vio estresado por pasar una materia, que te vio triste por extrañar a tu familia, que te vio cometer errores y estuvo ahí para apoyarte.

Alguien con quien los años se fueron en un abrir y cerrar de ojos, ¿Y cómo olvidar ese día en que entramos por tu hermosa calzada y ver tu imponente Rectoría?, porque no hay mayor orgullo que haber llegado a ti derramando lágrimas, e irnos de aquí con nuevas lágrimas, pero llenas de agradecimiento, amor, viajes, clases, amigos, tristezas y satisfacción.

Ese alguien que te brindo libertad para que tomaras las riendas de tu vida de forma responsable, alguien que no exigía más allá que el compromiso por el cual estabas aquí, alguien que te enseño que el amor a la tierra es lo más puro y hermoso que puede existir, alguien que te mostró que el amor es eterno. Sí ese amor por el que hoy tenemos el gusto de decir: ¡Gracias mamá Chapingo!

Gracias por todo lo brindado, pagarlo quizá no se pueda, pero salir a mostrar tu nombre en alto y con orgullo no dudes que lo haremos, ¡Porque estudié en Chapingo, chapinguero soy y ser de Chapingo es un honor!, te amamos mamá Chapingo, y en donde sea que estemos siempre te estaremos en deuda y aprendiendo a amarte más y más, día con día.

Tener el gran honor de pertenecer a ti es de lo mejor que nos ha sucedido, porque el gran orgullo que tenemos no cabe en nuestro pecho, siempre ocuparás un gran lugar en nuestro corazón.

Y citando a muchos colegas ingenieros el día de hoy: Chapingo no te acabes. No decimos adiós querida Alma Mater, sino hasta luego y no dudes que seguiremos visitándote y representándote en lo más alto, porque estás impregnada en nuestra alma y corazón.

Chapingo: porque más que una Universidad, eres un segundo hogar, una fuente de unión, cultura, amigos, amor y compromiso al sector agrícola.

Hoy los días en Chapingo se terminan, hoy es el momento de partir, tomar todo lo aprendido, dar un último paseo por esta Universidad para salir por esa imponente calzada con nuestras maletas, dar media vuelta y decir: Adiós Chapingo, me llevo los mejores recuerdos de esta estadía. Tomar un tiempo, pararse en esa calzada y darnos cuenta de aquel niño o joven que llegó no es el mismo que hoy se va, que hoy puedes mirar a tu pasado y decir: lo logramos amigo, es tiempo de ir por más.

ADIÓS CHAPINGO.