¡Que viva Chapingo!

Alumna: Karla Lizbeth Olivera Velascobr
Ingeniero Agrónomo Especialista en Zonas Tropicales

 

Los grandes logros nacen de grandes sacrificios, y nunca son fruto del egoísmo.
-Napoleón Hil

Queridos compañeros, profesores, padres de familia, amigos todos, hoy más que palabras de despedida quiero dar una remembranza de los momentos vividos en esta nuestra noble casa de estudios. Por ello, quiero que recordemos cuando recibimos la noticia de que fuimos seleccionados para entrar a Chapingo. Lo único que alcanzábamos a imaginar era lo maravilloso que sería entrar y conocer a nuestra universidad, sin embargo, llegado el día de partir de casa, sentimos nostalgia, el corazón hecho pedazos, inmensas ganas de llorar, qué se yo, y cuando finalmente la hora llegó, partir de nuestro terruño, nos desbordó.

Dejas tu hogar y en él una madre que se queda triste, un padre que no tiene más que mostrar fortaleza, aunque muera por dentro al sentir que del nido, las aves vuelas, los hermanos que si eres mayor que ellos te verán con gran admiración y si eres el más pequeño, sentirán la partida de su mejor amigo y aunque seas la causa de muchos de sus regaños, no habrá quien ocupe tu lugar.

Pero también esas ganas de devorarnos al mundo, surgieron más que nunca, la algarabía de emprender nuevas metas, nuevos proyectos de vida, nos alentó y ayudó a guardar dentro de nuestra testa, la nostalgia, los recuerdos y a fertilizar nuestras raíces con los consejos y esperanza de regresar a casa y hacer un hogar próspero, como prósperas son las estrellas en el cielo.

Llegas a tan añorada escuela, ¡Oh sorpresa!, conoces a señora soledad, sentir que estas a cientos de kilómetros, que nada es como ayer, que ahora estas solo y que te toca construir tu camino sin migajas de pan, sin huellas que seguir, un camino que nunca terminaras de conocer, con tropiezos, caídas, frustraciones, pero también con dulces alegrías, sendero que va al lado de muchos más que persiguen la misma meta y que llegas a conocer. Y con los años  son parte de tu familia, otros deciden arar la misma senda y conocer el amor.

Y así con el pasar de los meses, los años, nos sentimos parte de esta maravillosa escuela, después de un año realmente ya éramos verdaderos chapingueros, y no lo digo porque empezamos a usar botas y sombrero, bueno eso digo yo, pero los de Zootecnia dirán que ellos nacieron con botas, cinto piteado y texana; chapingueros de corazón porque empezamos a vislumbrar en los viajes de estudio las necesidades del campo mexicano, necesidades que incluso nos hicieron presentar el examen y decidir estudiar aquí, en la mejor universidad agronómica de América Latina.

Sí señores, chapingueros por esas ganas de convertirnos en ingenieros y licenciados con la capacidad de enfrentar los retos que nuestro país en su extenso territorio, nos despliega en su mega diversidad natural, recursos filogenéticos, zootécnicos e incluso esa diversidad cultura, que nos hace una hermandad de zapotecos, mixtecos, hueves, triquis, tzotziles, tzoques, choles, chontales, mayas, purépechas, raramuris, con el mismos objetivo de hacer de nuestro México un país próspero en la adversidad, porque aunque seamos pocos en un lugar pequeño, las ganas de hacerlo poco pueden trasformar lo hostil en bonanza.

Llegó lo que parecía imposible, lo que parecía inalcanzable, hace siete años, para unos y cinco para otros, se plantaron miles de semillas, pero no todas fueron viables, las que germinamos y logramos desarrollarnos, el día de hoy alcanzamos a florecer, sí florecer, porque aún nos falta, tal vez no mucho, tal vez solo un poco más para comenzar a dar nuestros primeros frutos, los cuales deben ser dulces, como la educación y cada uno de los privilegios que la universidad y el pueblo mexicano nos otorgan durante nuestro andar en esta casa de estudios y aunque algunos desistimos en el camino, tal vez por falta de riego, con palabras de aliento, otros más por reproducirnos antes de tiempo y otros más porque la senescencia los alcanzó, estamos seguros que no hay mejor primavera que esta primera.

Nos vamos de aquí pero a donde quiera que vallamos siempre sabremos poner el nombre de la Universidad Autónoma Chapingo en alto, y al final del día de lo que sí estamos seguros es que chapingueros somos y en el camino andamos.

Por eso y ante todo, siempre desde las zonas áridas hasta las zonas tropicales, de la huasteca a la península, ¡Que viva México! ¡Que viva Chapingo!