Identidad histórica y cultural: El Árbol de los Acuerdos

Registrado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático como uno de los Árboles Monumentales e Históricos del país, el Árbol de los Acuerdos, representa para la Universidad Autónoma Chapingo un símbolo de identidad histórica y cultural. Con una edad de poco más de 300 años, este majestuoso fresno (Fraxinus Uhdei), presentaba en su estructura plagas, hongos y enfermedades que lo ponían en riesgo de desaparecer.

Ante el temor de que se perdiera este emblema natural, autoridades de la administración central, lanzaron un llamado de apoyo para el rescate y cuidado de su salud, debido a la declinación que mostraba; aunado a ello, su copa tenía un color amarillento, y gran cantidad de ramas secas.

Luego del llamado lanzado en redes sociales para que alumnos, egresados, profesores y trabajadores participarán en el rescate, e iniciar los cuidados para su recuperación se determinó que el Árbol de los Acuerdos ya presentaba enfermedades, generadas principalmente por la falta de volumen y calidad del suelo, lo cual generó que este simbólico árbol comenzara a enfermar.

Capas de concreto y escombros debajo el adoquín

En los días soleados, al caminar o pasar por la explanada de Rectoría, de manera automática se busca, aunque sea por unos minutos, la sombra del fresno, pero muy pocos observan el daño que presentaba. El ingeniero en Restauración Forestal y egresado de la UACh, Edgar López Sotelo, comenta en entrevista que al venir de voluntario y sumarse a los trabajos de recuperación, se determinó que a través del tiempo se ejecutaron mal las prácticas del suelo, es decir, que al crecer las raíces, éstas levantaban los adoquines.

Relata que sólo se arreglaba el suelo rústico, podaban, nivelaban y acomodaban el piso: “Hoy podemos determinar que las raíces que prosperaban, fueron sometidas a una poda inadecuada, realmente el árbol no ha podido tener un volumen de raíz, pues se le dio prioridad a los adoquines, lo cual provocó un desequilibrio fisiológico en calidad de raíz y el gran volumen que tenemos hacia arriba”; además de que la base del árbol soportaba altas temperaturas generada por el concreto, explicó.

Destaca que al remover los adoquines, se encontró una capa de concreto, abajo de ésta un poco de suelo mezclado con escombro y más abajo, otra placa de asfalto, por lo que las raíces del fresno se encontraban bajo presión, generándose falta de oxígeno, porosidad, y una temperatura inadecuada: “Cuando ésta se eleva, las raíces demandan mayor cantidad de oxígeno para llevar a cabo el proceso de fotosíntesis, sin embargo, bajo estas condiciones, se afectaba la función fisiológica del árbol”.

Por lo anterior, el Árbol de los Acuerdos, empezó a debilitarse, lo que provocó la llegada de insectos, plagas y enfermedades; como es el caso de la chinche Tropidopteptes Chapingoensis, parásito que se dedica a extraer la savia de las hojas, principalmente de las más jóvenes, razón por la cual el fresno estaba completamente infestado de esta plaga y, en consecuencia, la copa presentaba un color amarillento y ramas secas.

El también arborista certificado por la Sociedad Internacional de Arboricultura, asegura que aunado a esta problemática, es que no contaba con el vigor suficiente para enviar los flujos hacia las puntas de las ramas: “Se han eliminado las ramas secas, porque representaban un riesgo para la comunidad, pero su condición es una consecuencia del mal estado del árbol, y esto generó la presencia de otros insectos, como losCerambícidos (escarabajos), los cuales empiezan a colonizar la madera”, detalla.

Cuando se observa un árbol rodeado de pasto, la vista atrapa un bello paisaje, sin embargo, este follaje es un competidor feroz del agua, aire y oxígeno, pues no deja pasar estos elementos vitales.

En el caso particular del Árbol de los Acuerdos, que se encontraba presionado por el adoquín, y las capas de concreto, la parte libre de tierra tenía pasto, el cual competía con las raíces, aunado a la temperatura elevada se provocó la presencia de pudriciones, aparición de hongos y bacterias, porque esos tejidos no estaban preparados para poder soportar los niveles de humedad que tenía en el suelo.

Aplicación de compuestos biológicos y sustratos para su tratamiento

Luego de cinco semanas de intenso trabajo para remover las capas de concreto, escombro, tezontle y tabique que se encontraban bajo los adoquines, un grupo de alumnos, encabezados por el ingeniero Gerardo Noriega, del área de Agronomía de Preparatoria Agrícola, mezclaron en total 36 toneladas de suelo agrícola, composta arena de rocas y otros materiales a los que se le incorporó los nutrientes que el fresno necesita, además de microorganismos para promover su crecimiento.

César Andrés Jacinto, colaborador del ingeniero Noriega comenta que por lo menos fueron 100 alumnos, principalmente de Horticultura Protegida, Preparatoria Agrícola y Economía, los que aportaron, de manera voluntaria, de una a tres horas de trabajo, con la finalidad de rescatar el árbol: “Durante este periodo los estudiantes participaron dentro del horario de 9 a 6 de la tarde curándolo, mientras otros se enfocaron en la preparación de sustratos o compuestos biológicos”.

Para ello, colocaron a un extremo del arbusto un tanque de plástico, el cual contenía micorriza, bacterias benéficas, como Trichoderma, que es un hongo antagónico a los hongos patógenos. Tratamientos que se aplicaron al ser descubiertas las raíces, a las cuales también se le aplicaron oxinas, hormonas promotoras de éstas, porque tenía muy poca, algunas estaban muertas y el árbol se esforzaba creando más.

Las raíces tienen el trabajo esencial en el crecimiento, y con la aplicación de los microorganismos, se espera que pueda prosperar y fisiológicamente generar nuevas, para la obtención de nutrientes y agua.

¿Por qué el nombre Árbol de los Acuerdos?

Cuando Manuel González Flores fue presidente de México (1880-1884), como dueño de la Hacienda Chapingo, recibía a varios personajes que de alguna manera tenían que ver con las decisiones que interesaban o afectaban al país.

La posición aislada en la plaza, ahora explanada de Rectoría, en que se encuentra el árbol, fue considerado como un punto clave de reunión por el ex mandatario mexicano, quien, cobijado bajo su sombra, se reunía con su gabinete para tratar asuntos internos y externos de la vida político-social y cultural de la nación.

La licenciada Eva Guzmán Enríquez, guía del Museo Nacional de Agricultura, explica que en base a esa actividad, que era constante en esa época, se le denominó Árbol de los Acuerdos, nombre que ha perdurado hasta el día de hoy.

El llamado a la comunidad universitaria

Con una altura de 40 metros, el fresno resistió los ataques provocados, decíamos, por la presencia de hongos, enfermedades y plagas. Poco faltó para que aparecieran un insecto secundario, que son los descortezadores, que se alimentan del sistema vascular del árbol y lo que provoca la muerte, y de no haberse llevado a cabo la labor de rescate, era inminente la aparición de dichos insectos y en cuanto se hubieran instalado, el fresno hubiera sobrevivido tan sólo cinco años más.

El ingeniero López Sotelo subraya que tras la intervención que se realizó, es importante para crear conciencia entre la comunidad universitaria sobre su cuidado: “Es necesario destacar la responsabilidad histórica que asumieron las autoridades, debido a que nunca se había hecho trabajo de recuperación, sólo observamos la imagen paisajista, pero no vemos lo que se requiere para sobrevivir, entre ello, el cuidado del suelo y olvidamos los beneficios vitales que nos brindan, principalmente el oxígeno”.

La importancia histórica del fresno por su antigüedad, tamaño y las continuas reuniones que se registraron para atender situaciones de orden político, social y cultural, fueron algunas características que se tomaron en cuenta para ser registrado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático como uno de los Árboles Monumentales e Históricos del país.

“El Árbol del Tule, es otro ejemplo de ello y tal vez el más conocido, pero el nuestro reúne varias características que fueron consideradas para catalogarlo de esa manera”, indica el ingeniero Edgar López Sotelo.

Es necesario destacar que en los trabajo de rescate de este histórico fresno, se contó con el apoyo de los profesores investigadores, doctor Daniel Rivas, quien se encargó de la limpieza de la copa, como fue el retiro de ramas secas; el ingeniero Gerardo Noriega, considerado como clave en el salvamento del fresno; además de la Subdirección de Servicios Generales, Servicios Asistenciales y Disciplinario, a través de los maestros en ciencias José Luis Valladolid, Macario Vázquez Cagal, y el ingeniero Francisco Javier Valdivia, entre otros funcionarios universitarios que se sumaron de manera voluntaria a esta noble tarea.

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 Lic. Guadalupe Cruz Reynel
comunicacionsocial@chapingo.mx